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Historia del colegio

A la muerte de Santa Juana de Lestonnac en 1640, la Orden de Nuestra Señora contaba ya con treinta casas en Francia. Sin embargo, la proyección de su obra no se encierra en los límites de su patria ni de su siglo. Diez años después de su muerte, la casa de Béziers (segunda fundación de la Santa Madre, en 1616) funda la primera casa en España, en Barcelona (1650), conocida como La Enseñanza, y ésta, la de Tudela en 1687. Fue este colegio-convento de Tudela, a su vez, el que, atendiendo a la petición del matrimonio Peñalosa-Quintana, envió 13 religiosas a Talavera de la Reina en 1899 para establecer un colegio en el antiguo convento de los dominicos de dicha ciudad.

Los fundadores o donantes del edificio fueron don Juan de Peñalosa y Contreras y doña Elena de la Quintana y de la Quintana. El matrimonio mantenía relaciones con miembros de la nobleza y de la política y poseía una considerable fortuna en tierras y bienes. D. Juan y Dña. Elena tuvieron una niña, Conchita, que falleció a los seis años. Entonces, el matrimonio decidió consagrar una parte de sus bienes a la fundación de un colegio religioso para la educación de las jóvenes en la provincia de Toledo.

   

Las monjas de Tudela vieron la conveniencia de que fuese en Talavera por contar entonces la ciudad con la presencia de los Padres de la Compañía de Jesús, lo que garantizaba la asistencia espiritual de la Comunidad.

Determinado, pues, que la fundación se llevase a cabo en Talavera, doña Elena compró el exconvento de Santo Domingo a la familia Villarejo en 1894, que lo había convertido en fábrica de tinajas.

La viuda de Peñalosa encomendó la restauración del edificio al arquitecto de la Real Academia de San Fernando D. Francisco Rabanal y Fariña. En tres años, lo que había sido un convento de dominicos, construido siguiendo fielmente las orientaciones determinadas por la Orden para las casas de frailes predicadores, se adaptó a las normas que Juana de Lestonnac dispuso para la edificación de sus colegios, en donde la enseñanza debía ser compatible con la clausura: “Se tendrán dos coros bajos: uno para las religiosas, detrás del Altar Mayor o a un lado del mismo, y otro para las pensionistas, al otro lado. La iglesia estará entre la casa de las religiosas y la de las pensionistas... Tendrán también otro coro o tribuna alta...”.

Así pues, a un lado de la iglesia se disponía el claustro y las dependencias monásticas que, debidamente reparadas, servirían para la casa de las religiosas. Compraron los terrenos lindantes del otro lado y dispusieron la edificación del colegio en dos plantas, adosado al templo, con un patio interior dedicado al Corazón de Jesús.

Doña Elena falleció en 1898, el mismo día y a la misma edad que su marido, y, por lo tanto, antes de que las religiosas vinieran a Talavera. Pero la fundación fue llevada a término gracias al sentido de responsabilidad de sus albaceas testamentarios.

El grupo de las fundadoras estuvo formado por trece religiosas: seis Madres de Coro, tres Hermanas de Coro, dos novicias y dos Hermanas Coadjutoras. También procedían de Tudela dos postulantes. La primera superiora fue la M. Carmen Saavedra, coruñesa de nacimiento.

Aquel 22 de noviembre de 1899 Talavera recibió con alborozo y esperanza a las religiosas, que venían acompañadas por el obispo de Tarazona, don Juan Soldevila, el confesor de la Comunidad y la M. Superiora de Tudela. En la estación del tren los esperaban las autoridades civiles y militares y una gran multitud del pueblo. Después de visitar la Colegial y la ermita de Nuestra Señora del Prado, patrona de la ciudad, se encaminaron al monasterio.

Una vez llegaron, el Obispo procedió a la bendición de la iglesia y del convento-colegio y, después de tres días en que estuvo abierta la clausura para que los talaveranos pudieran visitar el edificio por dentro, se cerró la puerta reglar.
            
El día 19 de enero de 1900 se celebró la apertura del Colegio. Aquel día hubo Misa solemne acompañada por la orquesta de la ciudad. Las niñas matriculadas eran 400 externas y 7 internas, pues el centro tenía distintas secciones. En los años siguientes el número de alumnas fue aumentando, manteniéndose en torno a las 600, con unas 60 internas. Un mes antes ya se había establecido en nuestra iglesia la Congregación Mariana, cuyos miembros habían pertenecido a la que dirigían los jesuitas, que recientemente habían dejado Talavera.

Las distintas dependencias del Colegio eran:
· Colegio Interno, al que pertenecían las alumnas internas que pagaban una pensión.
· Colegio Externo, al que pertenecían las externas que pagaban una pensión y las medio pensionistas, que permanecían en el Colegio durante el día, retirándose con sus familias por la noche.
· Clases gratuitas.

Las alumnas gratuitas recibían clases de cultura general y de preparación al instituto, aunque eran pocas las que podían continuar estudiando. Las alumnas pensionistas, además de recibir la enseñanza de las anteriores, asistían a las llamadas “clases de adorno”, donde se impartía dibujo, canto, música y trabajos manuales. El plan de estudios era el mismo para las internas que para las externas, con tres grados de seis cursos.

Asimismo se ofrecían clases de francés, inglés, alemán, piano y de diversos instrumentos de cuerda (violín, laúd, mandolina, bandurria). Pronto se formó una rondalla compuesta por más de 30 niñas.

En 1926 se creó el Bachillerato Elemental, con una duración de tres años, que era un complemento de los estudios de la Escuela Primaria. En el Bachillerato se impartían materias como psicología, lógica, ética, fisiología e higiene, agricultura, tecnología o latín. También preparaban a algunas alumnas mayores para Magisterio, Comercio y para el Conservatorio. En la “Escuela del Hogar”, entre otras disciplinas, aprendían cocina y preparaban el ajuar para su boda.

La Escuela Dominical comenzó a funcionar más tarde. Se trataba de unas clases elementales para chicas de servicio y obreras de los talleres de la ciudad, que llegaron a sumar 300 alumnas.

Respecto a los recursos y metodología, las religiosas siempre quisieron estar al tanto de los progresos pedagógicos para adaptarlos a su método de enseñanza. En el Centro existían varias bibliotecas: la de las externas, la de las mediopensionistas y una ambulante.

La fiesta grande de las alumnas era la Presentación de María en el Templo, que se celebraba el 21 de noviembre. El día de la Niña María las colegialas externas después de la Misa de comunión, entraban en las clases de las alumnas internas, dentro de la clausura, donde hablaban con las religiosas. A veces entraban en la Sala de Madres. Estas les servían el desayuno: chocolate con bizcochos para las mayores y pasteles para las más pequeñas. A las  nueve y media o diez hacían la procesión y, a continuación, la Misa mayor con sermón.

Aunque las monjas encontraron el edificio perfectamente equipado, sin embargo, en los años siguientes, se mejoraron algunas instalaciones o se ampliaron, según las necesidades del Centro y la legislación educativa vigente. Así, por ejemplo, se levantó el comedor de internas (actual “hogar”) y el conocido emparrado.

Con la proclamación de la II República en España en 1931, las religiosas comenzaron a tener dificultades en su labor educativa. La situación se agravó con el estallido de la Guerra Civil en 1936, que las obligó a abandonar el convento para dejarlo en manos de los milicianos que lo saquearon. Cuando pudieron recuperarlo, tras la toma de Talavera por el Ejército Nacional, el monasterio pasó a ser cuartel general y poco después hospital de sangre.

Aunque la actividad docente no había desaparecido durante el conflicto, no había tenido ninguna validez oficial. Fue el 16 de Octubre de 1939 cuando se abrió de nuevo el internado, con la asistencia de un alumnado numeroso. Continuó el Colegio como hasta entonces, con las gratuitas y las pensionistas (internas, externas y mediapensión), además de las jóvenes de la Escuela Dominical.

El Colegio pasó a formar parte de los Centros Reconocidos, que podían impartir el Bachillerato y examinar en el propio centro a las alumnas matriculadas. Se impartían clases de preparación al Magisterio en grupos de 5 ó 7 alumnas. Las jóvenes que aquí se preparaban se examinaban por libre y las acompañaban a las pruebas de la Escuela de Magisterio de Toledo.

En estos años se comenzó a publicar Pétalos de azucena, una revista que pretendía unir a las colegialas con sus monjas y atraer de nuevo a las antiguas alumnas hacia el Colegio donde se educaron. Pronto apareció otra publicación que hizo sombra a Pétalos: era ONS. La revista de la Orden de Nuestra Señora tenía mayor tirada, pues llegaba a todos los monasterios-colegios de la Orden.
            
En los años 40, la Iglesia aprobó el milagro que corroboraba la santidad de Juana de Lestonnac y se eligió el 15 de mayo de 1949 para elevarla a los altares. Ese día glorioso para la Orden comenzó en Talavera con la primera Comunión  de muchas niñas en el Altar de Santa Juana. Después, religiosas, colegialas y antiguas alumnas fueron al locutorio, donde estaba instalada una radio para la ocasión, y en cuyo testero se había colocado una estatua de Santa Juana, adornada de flores y luces. Cuando oyeron las palabras del Santo Padre, proclamándola “Santa”, comenzaron a aplaudir y entonar los Himnos de la Santa Madre. Mientras, todas las campanas de la ciudad repicaban y en los balcones de las antiguas alumnas y niñas del Colegio Externo se podían ver colgaduras y la imagen de la nueva Santa. Las monjas colocaron un gran tapiz en la fachada, que atraía la mirada de los transeúntes.

El interés por una buena formación de las alumnas ha hecho que el Colegio se fuera adaptando a las distintas leyes educativas. A principios de los años 50 se modificaron los planes de estudios. El Bachillerato General se dividió en dos grados: Elemental y Superior. Al acabar cada grado las alumnas tenían su respectivo examen de Reválida. Este Bachillerato se impartió en el Colegio hasta 1959. Entonces el Colegio dejó de funcionar como la rama femenina del Colegio “Cervantes” de Talavera y comenzó a ofrecer el Laboral o Técnico. Casi trescientas alumnas cursaron estos estudios en la modalidad administrativa.

A principios de los años 60, se creó la Escuela Nocturna. A ella asistían obreras y alumnas gratuitas, que aprendían Corte y Confección, Mecanografía y los principios de la fe, asistidas por las congregantes.

También en los 60 desapareció la antigua separación entre alumnas gratuitas y pensionistas y se volvió al Bachillerato General, que con la Ley Villar Palasí pasó a ser el Bachillerato Unificado Polivalente (BUP).

En los últimos años el Colegio ha luchado por mantener su identidad, siendo fiel a sus ideales y a los padres de las alumnas que elegían esta educación para sus hijas. Las dificultades mayores llegaron con la aprobación de la LODE en que se eligió no recibir financiación estatal. También la aprobación de la LOGSE puso en juego la profesionalidad de los docentes por mantener una educación de calidad, como se ha demostrado con la obtención de una de nuestras alumnas del Premio Nacional de Bachillerato.

Paralelos a la renovación pedagógica han sido los cambios en el edificio: el gimnasio, nuevas aulas de Psicomotricidad, Música, Tecnología, Informática... Quizás el más llamativo ha sido el de la Residencia. Primero estuvo en la planta baja del Colegio, después se situó donde se encuentra el actual Salón de Actos y en los años 70, los arquitectos Manuel e Ignacio de las Casas diseñaron el actual edificio separado de las aulas. Fueron también ellos quienes diseñaron el pabellón de Educación Infantil. 

En 1992 se realizó la restauración de la iglesia. Después de casi un siglo, el templo necesitaba una nueva reparación. La madera que cubría el suelo estaba sumamente deteriorada por la acción de las termitas y la ocasión se presentaba propicia para trasladar el presbiterio al lugar primitivo y recuperar así un buen tramo de la iglesia que estaba inutilizado. Por otra parte, la supresión de la clausura en 1956, por razón de las nuevas exigencias del apostolado de la enseñanza, hacía innecesaria la ubicación del altar delante de la reja.

Al levantar la madera apareció la portada de la iglesia, oculta por la pared de la galería de entrada. La puerta se abre a partir de un arco de medio punto abocinado, enmarcado con alfiz. Encima se dispone una hornacina en la que, según la inscripción, estuvo colocada una imagen de Santo Domingo, y que muestra hoy a María Inmaculada, por donación de la Asociación de Padres. La obra de la iglesia se completó con la limpieza de algunos arcos, la pintura de paredes, la colocación de vidrieras, una nueva instalación de luz,... y otros mil detalles.

  

Otros cambios organizativos y académicos ha habido en la segunda mitad del siglo XX en el Colegio: la renovación de la Congregación Mariana, la activa colaboración de la Asociación de Madres y Padres de Alumnas “Lestonnac”, la aparición de la Asociación de Alumnas “Montaigne” y de publicaciones como Iuvenes y El Taller del Orfebre, etc.

Fue un gozo poder celebrar en el año 2000 cien años dedicados a la formación académica y cristiana de la juventud femenina de Talavera y sus alrededores. Aquel año jubilar para religiosas, alumnas, antiguas colegialas, padres, profesores y personal del Colegio no fue sólo una conmemoración del pasado, sino que nos alentó a todos a seguir educando en el humanismo cristiano heredado de Santa Juana de Lestonnac.

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