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Valdemoro
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Internado

Cada vez son más las personas que se muestran sorprendidas por el hecho de que en los tiempos presentes tengamos un internado con más de un centenar de alumnas.

La educación integral de niñas y adolescentes por medio de los internados no es ninguna novedad. Llevamos más de 400 años haciéndolo sin interrupción y forma parte de nuestra vocación de maestras fraguadas en la espiritualidad de Santa Juana de Lestonnac.

Muchas cosas han cambiado en esta larga historia ya centenaria. Los lugares y los tiempos tienen exigencias diferentes, pero siempre está latente la pasión por educar desde la fidelidad a nuestra identidad, creando un ambiente en donde las alumnas puedan crecer adquiriendo las virtudes que perfeccionan su naturaleza, mirando a la Virgen María que nos conduce siempre a Cristo, en quien todos los valores humanos encuentran su plena realización.

¿Un internado hoy? Hay razones para elegir esta opción. Aquí damos algunas:

1.- Exigencia académica. A veces la oferta educativa en el entorno donde reside la familia es muy limitada y no satisface las expectativas de los padres. Debido a la distancia, no sería posible elegir nuestro colegio si éste no contase con servicio de residencia.

Por otra parte, en el ámbito rural es frecuente que las niñas tengan el centro escolar en una población diferente a la que residen. Así la elección viene motivada por un mayor aprovechamiento del tiempo, sin emplearlo en desplazamientos.

Además de la asistencia a clase con las alumnas externas, las internas tienen períodos amplios de estudio tutelado y están inmersas en un ambiente que las motiva más y evita algunas distracciones.

2.- Aprendizaje integral. Junto a la buena formación académica el internado ofrece un campo privilegiado para desarrollar competencias sociales -hoy tan valoradas- mediante la convivencia con niñas y chicas de diversas edades y lugares de procedencia. Las alumnas aprenden a asumir responsabilidades, logran madurar notablemente al tener que enfrentarse a las dificultades, adquieren confianza en sí mismas y comparten experiencias que tejen vínculos de amistad para toda la vida.

3.- Atención plena. En nuestros tiempos es frecuente que las niñas y adolescentes pasen solas en casa muchas horas debido a las exigencias profesionales de sus padres. Ello no solo es perjudicial para el estudio, sino que favorece malos hábitos en el uso de los nuevos medios de comunicación y en otros campos. En estos casos el internado ofrece una ayuda eficaz a las familias, puesto que las alumnas están permanentemente acompañadas por personas cualificadas que, por vocación, se dedican totalmente a las niñas.

Lo que distingue la vida del internado y hace posible una auténtica educación es la convivencia y el roce continuo con la comunidad religiosa. Ello, por una parte, crea los vínculos que facilitan el que las alumnas acepten la disciplina diaria con normalidad y, por otra, hace que la exigencia sobre ellas y la corrección no se limite a ocasiones puntuales, sino que sean continuas y, por lo tanto, eficaces.

4.- Ambiente adecuado. La adolescencia plantea en muchos casos problemas y situaciones conflictivas donde no es fácil poner límite a las niñas. El internado ofrece un horario fijo que favorece la adquisición de hábitos de conducta y la necesidad de normas hace que las alumnas tengan que estar dentro de unas reglas establecidas con claridad.

Nunca debe considerarse el internado como un castigo. Para ser admitida, la alumna tiene que conocer las normas y manifestar su deseo de vivir conforme a ella.

Hay que considerar, además, que la propia casa, el ambiente familiar no puede ser sustituido por nada. Vivir en el colegio no debe contribuir a debilitar los sanos vínculos de la familia. Es más: la educación de las alumnas en general y con más razón la de las que están en la residencia, ni siquiera debe yuxtaponerse a la de los padres, sino coordinarse con ellos. Hoy el desarrollo del transporte y las comunicaciones ha hecho que la relación con las familias sea constante y que las niñas vuelvan casa continuamente.

5.- Educación en virtudes. El internado pretende ser una escuela de vida en un clima de orden y caridad para que nuestras alumnas aprendan a elegir, a decidir y a obrar de modo que lleguen a ser mujeres de bien.

En la organización de la vida de las alumnas residentes la exigencia es una realidad porque la disciplina es una necesidad indiscutible. Sin embargo, nunca se puede olvidar que las normas no son un fin en sí mismas sino medios cuyo objetivo es formar a la persona concreta, única. Todo ha de estar dentro de un sano equilibrio para procurar el crecimiento de las niñas de manera que amen y gocen con lo bueno, formando su inteligencia, su voluntad y sensibilidad de manera que perfeccionen su naturaleza mediante la adquisición de virtudes.

Fomentamos la austeridad para lograr el equilibrio y la moderación en el uso de los medios materiales. Procuramos fortalecer la voluntad mediante el trabajo, la disciplina y el esfuerzo hasta en los pequeños detalles. Contribuimos a crear un clima de convivencia en donde las alumnas aprendan a respetar, a agradecer, a dar a cada uno lo que es debido. Favorecemos que, conforme a su edad, la niña aprenda a elegir, haciéndole ver las consecuencias de sus actos a la vez que percibe nuestro apoyo para acertar en lo que elige o para rectificar una decisión errada.